Lucas Sánchez: Otro día en el paraíso
En Another Day in Paradise, Lucas Sánchez construye una obra atravesada por la identidad, la indefinición, la noche, el cuerpo, la performance y la intimidad. Entre habitaciones, escenarios, calles, ascensores, pelucas, comidas compartidas y momentos de espera, la serie abre una pregunta más que interesante sobre la fotografía documental contemporánea: qué significa mirar cuando quien fotografía también acepta ser mirado.
© Lucas Sánchez
En este proyecto, quien fotografía acompaña la vida de un grupo de artistas LGTBIQ+ Drag Queens provenientes de Chile y España. Allí donde podría imponerse una mirada rápida sobre la noche, el maquillaje o la performance, Lucas construye una obra sensible sobre la percepción, el deseo, el desarraigo, la identidad y la distancia que puede existir entre cómo una persona se percibe y cómo es percibida por los demás.
Esa distancia es uno de los centros más potentes del proyecto. La obra pregunta, sin necesidad de formularlo de manera directa, qué sucede entre el cuerpo vivido y el cuerpo mirado. Qué sucede entre la experiencia íntima de una identidad y las formas en que el mundo intenta leerla, clasificarla, traducirla o nombrarla. En ese intervalo aparece el género como pregunta, como construcción, como escena y como relación. El género no surge aquí como una definición fija, sino que aparece como una experiencia que se desarrolla en el cuerpo, en la ropa, en los gestos, en el deseo, en la pose, en la manera de ocupar una habitación o atravesar una calle.
© Lucas Sánchez
Lucas Sánchez habla de su trabajo como una búsqueda vinculada a la identidad, pero también a la indefinición y a “aquello que no se puede decir”. Esa frase abre una clave de lectura fundamental para la serie. Another Day in Paradise no está buscando explicar por completo a las personas que retrata. Las acompaña en escenas donde algo se muestra y algo permanece reservado. La fotografía se vuelve entonces una forma de aproximación, un modo de estar cerca de aquello que todavía está en movimiento.
Muchas de las imágenes trabajan desde el fragmento. Un cuerpo cortado por el encuadre. Una pierna. Una espalda. Una peluca. Un cigarrillo. Un par de botas. Una mano que toca el cuello. Una valija. Una caja de pizza. Una pared con fotos, santos, cartas, billetes y notas. Lucas toma partes, signos, restos de escenas. Y en esos fragmentos encuentra una manera de construir sentido, ya que el cuerpo no necesita aparecer entero para estar presente. A veces, una parte alcanza para condensar una historia, una tensión, una forma de deseo o una manera de habitar el mundo.
El deseo y el exceso están presentes, pero aparecen junto a la intimidad. Una persona con una gran peluca roja se mueve frente a cortinas saturadas de color. El rostro queda cubierto por el cabello, las manos se hunden en la cabeza, la luz envuelve el cuerpo. La imagen vibra entre la performance y el desborde. En otra fotografía, unas botas enormes descansan frente a una cortina dorada. El retrato se desplaza hacia los pies, hacia el peso material del vestuario, hacia la potencia de un objeto que también habla de identidad.
Esa expansión del retrato es una de las operaciones más interesantes del proyecto. El retrato aparece en los objetos, en los espacios, en la forma de sentarse, en una comida compartida, en una pared cargada de signos, en una pierna suspendida, en una peluca que tapa la cara, en una espalda, en una silla vacía. La identidad se presenta como una red de relaciones entre cuerpo, entorno, memoria, deseo y mirada.
La pared donde conviven fotografías instantáneas, una imagen religiosa, una carta de tarot, un billete y una nota rosa funciona como un pequeño archivo afectivo. Es una imagen aparentemente simple, pero muy cargada. Allí se reúnen memoria, fe, juego, economía, amistad, superstición, intimidad. La obra sugiere que una vida también se cuenta en aquello que se pega a una pared, en lo que se guarda, en lo que queda a mano, en los objetos que acompañan sin pedir demasiada explicación.
El desarraigo atraviesa la serie de un modo sutil. Estar en un país que no es el propio implica una forma particular de distancia. Esa distancia no vive solamente en los kilómetros. También aparece en el cuerpo, en el acento, en las casas compartidas, en las redes afectivas que se rearman, en las preguntas por la pertenencia. En Another Day in Paradise, el desarraigo no se presenta como tema ilustrado, sino como atmósfera. Está en los interiores, en los tránsitos, en las pausas, en los vínculos, en la manera en que cada cuerpo parece buscar un lugar desde donde aparecer.
Lucas también reflexiona sobre su propia posición como fotógrafo. En la entrevista cuenta que uno de los desafíos del proyecto fue moverse de ciertos miramientos de la fotografía documental clásica. Le resultaba difícil aceptar la idea de que quien fotografía pueda observar sin influir en lo que está fotografiando. Por eso afirma: “me asumo parte de este entorno”. Esa frase es central. La cámara no se presenta como una presencia neutral. Está ahí. Mira, pero también es mirada. Se aproxima, pero también es interrogada.
Desde Plataforma RARA nos interesa detenernos en esta obra porque permite pensar la fotografía contemporánea como una práctica de relación. Another Day in Paradise propone una manera de mirar que no necesita resolverlo todo. Lucas se acerca a un mundo que sabe que su presencia transforma aquello que fotografía. Esa conciencia vuelve a la obra más honesta, más compleja y más sensible.
Tal vez por eso las imágenes permanecen; porque no buscan una definición final de sus protagonistas. Estas imágenes, están buscando una una cercanía, un fragmento justo, un gesto donde algo se revela y algo se reserva. Una escena donde el cuerpo se vuelve pregunta y una forma de mirar que acepta que hay zonas de la experiencia que no pueden traducirse por completo.
Another Day in Paradise es una obra sobre la distancia entre el cuerpo y la mirada. Sobre lo que se dice y lo que queda suspendido. Sobre el deseo, el exceso y el tedio como partes de una misma vida. Sobre el desarraigo como experiencia afectiva y corporal. Sobre la posibilidad de construir imagen, comunidad y presencia en medio de una ciudad que también observa.
El paraíso, en estas fotografías, deja de ser una promesa lejana y se convierte en una construcción momentánea, intensa, frágil y brillante.
© Lucas Sánchez
Sobre Lucas
Lucas Sánchez nació en Buenos Aires, Argentina, en 1992, y se crió en Banfield, una ciudad al sur de Buenos Aires. En 2012 estudió fotografía en el IMDAFTA, Instituto de Medios Audiovisuales, en Buenos Aires. En 2018 emigró a Barcelona y, en 2019, recibió la beca de Fotografía Documental en la escuela Grisart por su proyecto No tan Turista. Entre 2019 y 2020 realizó Another Day in Paradise. En 2021 recibió el premio Fuji El Proyector por este trabajo y, ese mismo año, la obra ingresó en la colección de FotoColectania, Barcelona. A comienzos de 2021 se mudó a Madrid, donde EFTI le otorgó una beca para realizar el Máster en Fotografía de Autor durante 2021 y 2022. Actualmente reside en Buenos Aires, donde desarrolla los proyectos fotográficos ¿De qué planeta viniste? y El olor de la ausencia.

