Rocío Cuevas: las flores como memoria, cuidado y ofrenda

En Flores para Elena, Rocío Cuevas construye una obra atravesada por la memoria familiar, el vínculo con las flores y la potencia silenciosa de los cuidados. Seleccionado en la convocatoria de Plataforma RARA, este proyecto nos invita a mirar las flores como algo más que un motivo visual: como lenguaje, herencia, archivo afectivo y forma de permanencia.

Hay obras que parecen hablar en voz baja, pero que insisten durante mucho tiempo. Obras que, desde la sutileza, nos invitan a permanecer un poco más frente a lo que aparece. Flores para Elena, de Rocío Cuevas, pertenece a ese territorio sensible donde la imagen se vuelve una forma de conversación íntima, una manera de volver sobre aquello que nos constituye y que, muchas veces, permanece guardado en la vida cotidiana. 

El proyecto nace de una relación familiar y vital con las flores. Elena, madre de la artista, fue florista hasta su jubilación. Ese oficio, atravesado por el cuidado, la composición, la paciencia y el contacto directo con lo vegetal, marcó la infancia de Rocío. “Crecí rodeada de flores, viveros, ramos y gestos cotidianos de cuidado que formaban parte natural de nuestra vida familiar”, cuenta la artista. Durante años, ese universo permaneció como un paisaje emocional latente, una memoria disponible, aunque todavía sin forma artística.

Con el tiempo, esa experiencia volvió al presente como una necesidad de creación. Flores para Elena surge entonces como una ofrenda, pero también como una investigación visual sobre la transmisión, los afectos y los saberes familiares. La fotografía, la instalación y la intervención en el paisaje se articulan para transformar una memoria íntima en lenguaje artístico. La obra toma una historia personal y la abre hacia un territorio compartido, donde la memoria se transforma en una pregunta sobre todo aquello que heredamos sin advertirlo del todo. 

© Rocío Cuevas

Una ofrenda hecha de tiempo

Elena atraviesa cada imagen como una fuerza silenciosa. Su presencia está en las flores, en los objetos, en los cuerpos, en los gestos y en los espacios naturales y domésticos donde la obra se despliega. Rocío trabaja con la memoria de su madre desde una cercanía afectiva, pero también desde una operación artística precisa: convertir el cuidado en forma, el recuerdo en materia, la flor en signo.

La artista define el núcleo del proyecto como “una ofrenda a la memoria de mi madre y a los vínculos que perduran más allá del tiempo”. Esa frase nos permite entrar en la serie desde una clave fundamental. Aquí la ofrenda aparece como una acción en proceso, un gesto vivo que sostiene una conversación con la memoria y transforma el homenaje en una forma de presencia. Ofrendar implica disponer algo para otro, pero también sostener una relación. En este caso, las flores permiten mantener abierto un diálogo con Elena, con la infancia, con el oficio familiar y con una genealogía de saberes femeninos muchas veces relegados al plano de lo doméstico.

El proceso de producción de Flores para Elena es inseparable de ese sentido. Gran parte de las plantas fueron cultivadas en un pequeño invernadero ubicado en el mismo lugar donde estuvo el primer vivero familiar. Ese dato resulta clave porque permite comprender que la obra empieza antes de la imagen, en la siembra, el riego, la espera y la floración.

© Rocío Cuevas

Rocío cuenta que el proyecto se desarrolló con calma y planificación. Primero vinieron la escritura, los bocetos, la investigación y el desarrollo conceptual. Desde el inicio, supo que el ritmo del trabajo debía adaptarse al ciclo natural de las flores. Trabajar con material vivo implica aceptar la duración, la incertidumbre y la transformación. La temporalidad de la flor marca el ritmo de la obra y la artista aprende a acompañar ese tiempo.

En un contexto atravesado por la velocidad, la productividad permanente y la circulación acelerada de imágenes, Flores para Elena propone otro régimen de atención. La obra se hace con tiempo, con espera, con disponibilidad y con una escucha material del proceso. La fotografía aparece entonces como el resultado visible de una práctica más amplia, donde cultivar también es producir imagen, donde cuidar también es componer, donde esperar también es pensar.

“Respetar los tiempos naturales fue una decisión conceptual, ética y estética”, afirma Rocío. Esta frase podría funcionar como una declaración de principios de la serie. Aquí el tiempo es la materia misma de la obra: el tiempo de las flores, el tiempo del duelo, el tiempo de la memoria, el tiempo de una hija que vuelve sobre la historia de su madre para comprenderla desde otro lugar.

La obra pone en valor los cuidados invisibles, esos trabajos emocionales y materiales que sostienen la vida cotidiana y que pocas veces ingresan en los relatos centrales de la cultura. En Flores para Elena, cultivar, seleccionar, regar, esperar, componer y disponer flores son acciones que adquieren densidad artística. Lo que podría parecer un gesto simple se revela como una práctica cargada de memoria, conocimiento y sensibilidad.

Las flores ocupan un lugar central en la historia de las imágenes. Han sido símbolo de belleza, fragilidad, deseo, duelo, fertilidad, paso del tiempo y transformación. En este proyecto, Rocío recupera esa tradición simbólica desde una clave íntima. Las flores se vuelven mediadoras entre la memoria, el cuerpo y la imagen. Son lenguaje, presencia y archivo. Una forma sensible de decir aquello que necesita pasar por la materia viva para encontrar su voz. 

La artista señala su interés por el lenguaje simbólico de las flores, “una tradición histórica en la que cada especie, color o forma transmite un mensaje”. A partir de ese código, las imágenes funcionan como cartas cifradas. Cada ramo, cada corona, cada cuerpo cubierto de flores, cada objeto intervenido, parece contener una frase secreta. 

En una de las imágenes, un sillón de cuero aparece en medio de un paisaje verde, ocupado por una gran composición floral. El objeto doméstico se desplaza hacia el exterior y queda atravesado por una presencia vegetal exuberante. La escena tiene algo de altar y algo de aparición. El sillón conserva la memoria de un cuerpo ausente, mientras las flores ocupan ese lugar con una vitalidad casi desbordante. La imagen convierte una pérdida en una presencia posible; la vuelve respirable.

En otra fotografía, una serie de recipientes blancos sostiene ramos distintos, alineados en el paisaje. La escena parece sencilla, pero contiene una tensión muy precisa entre orden y expansión. Mientras los recipientes contienen, las flores se desbordan. Esa relación entre forma de sostén y crecimiento aparece una y otra vez en la serie. Hay formas que intentan sostener la memoria, pero la memoria crece hacia los bordes, se mezcla con el entorno y modifica lo que toca. 

Lo doméstico como territorio político y poético

Flores para Elena dialoga con un conjunto de prácticas contemporáneas que han recuperado lo doméstico, lo afectivo y lo biográfico como territorios de pensamiento. Durante mucho tiempo, ciertos saberes asociados al hogar, al cuidado, al trabajo manual y a la transmisión familiar fueron considerados menores dentro de las jerarquías culturales. La obra de Rocío se inscribe en una sensibilidad artística que vuelve sobre esos espacios para reconocer su potencia.

El arte floral, el cultivo, la preparación de ramos, el cuidado de las plantas y la memoria de un oficio ejercido por una mujer son elementos que el proyecto transforma en materia artística. Esta operación es importante porque lejos de romantizar el cuidado como una cualidad natural, lo presenta como trabajo, como conocimiento y como forma de sostén. Las flores son bellas, sí, pero esa belleza está atravesada por una historia de manos, saberes, cansancio, dedicación y transmisión.

La serie también permite pensar el hogar como algo más complejo que un espacio físico. Para Rocío, el proyecto revisa “el hogar no solo como espacio físico, sino como lugar simbólico donde se construyen identidades, afectos y saberes”. Esa dimensión aparece en la imagen de una habitación tomada por plantas y flores. Un interior casi vacío se transforma en un territorio vegetal. La naturaleza entra, ocupa, crece. La escena parece suspendida entre abandono y germinación. Allí donde podría haber silencio, aparece una proliferación. Allí donde podría haber vacío, aparece una vida insistente.

La sensibilidad de la obra reside, en buena medida, en esa capacidad de construir imágenes donde la fragilidad y la fuerza conviven. Las flores pueden marchitarse, pero también invadir una habitación. Pueden ser ofrecidas como gesto delicado, pero también cubrir un cuerpo entero. Pueden recordar una pérdida, pero también abrir una continuidad.

Registro de exposición

El vínculo personal de Rocío con el proyecto es decisivo. “Mi vínculo con Flores para Elena es vital. No es solo una obra, es una forma de diálogo con mi madre, con mi historia y con mi propia identidad”, expresa la artista. Esta afirmación permite comprender la profundidad del trabajo. La serie trabaja la biografía como territorio de investigación. La historia personal se vuelve punto de partida para pensar algo más amplio: cómo recordamos, cómo cuidamos, cómo heredamos y cómo transformamos una experiencia íntima en relato compartido. 

La fotografía tiene aquí una función doble. Por un lado, preserva. Fija una forma, un gesto, una presencia floral destinada a cambiar. Por otro lado, transforma. La imagen no conserva la experiencia tal como fue, sino que la reordena, la vuelve simbólica, la abre a nuevas lecturas. En ese pasaje, la memoria deja de ser únicamente recuerdo privado y se convierte en espacio de resonancia colectiva.

Este movimiento es central para Plataforma RARA: pensar la imagen como herramienta de pensamiento. Flores para Elena no solo muestra flores. Nos pregunta qué vidas sostienen esas flores, qué saberes contienen, qué vínculos activan, qué formas de presencia pueden construir. Nos invita a detenernos en lo que suele quedar en segundo plano: los gestos cotidianos, los oficios heredados, las memorias domésticas, los cuerpos que cuidan, los tiempos lentos que hacen posible toda forma de vida.

Flores para Elena es una obra sobre una madre, sobre una hija y sobre una historia compartida. Pero también es una obra sobre todos esos saberes que viajan de una generación a otra a través de gestos pequeños: cuidar una planta, armar un ramo, esperar una floración, sostener una casa, acompañar un cuerpo, transmitir una manera de mirar.

En las imágenes de Rocío Cuevas, las flores piensan la escena, la ocupan y la vuelven sensible. Son materia viva y símbolo, presencia y memoria, belleza y trabajo. A través de ellas, la artista construye una obra profundamente amorosa y lúcida, capaz de reconocer la potencia de aquello que suele parecer mínimo. 

Publicar Flores para Elena en Plataforma RARA es una invitación a detenernos en esas imágenes que crecen desde lo íntimo hacia lo colectivo. Porque hay memorias que necesitan una forma para seguir respirando. Y hay flores que, cuando aparecen en una obra, no vienen solamente a embellecer el mundo: vienen a recordarnos quiénes lo cuidaron antes.

Sobre Rocío Cuevas

Rocío Cuevas es artista visual y fotógrafa. Es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, donde se especializó en fotografía y pintura, y cursó un año en la Accademia di Belle Arti di Roma. Posteriormente realizó el Máster en Arte Contemporáneo, Tecnológico y Performativo en la Universidad del País Vasco.

Su práctica artística se centra en la memoria, los cuidados, el territorio y el archivo familiar, combinando fotografía, instalación e investigación. A lo largo de su trayectoria recibió reconocimientos como el Primer Premio de Fotografía San Marcos en 2012, el accésit de fotografía Arte Joven Castilla y León en 2018 y la beca del certamen Expositivos’23 de León es Photo, con la que desarrolló Flores para Elena. También participó en exposiciones individuales y colectivas en espacios como el DA2, el Museo de León y otros centros culturales y galerías.

IG ROCIO CUEVAS

www.rociocuevas.com


Marina Cisneros

Director y Project Manager en Plataforma RARA. Profesional en gestión cultural y artes visuales, editora especializada en fotografía artística contemporánea y profesionalización de artistas visuales.

Siguiente
Siguiente

Alex Cabrera: el cuerpo como trinchera, escenario y territorio de resistencia