Cecilia Candiani y los caminos de la herencia

En No pude escribir las cartas que te dejé, Cecilia Candiani reúne archivo familiar, relatos de mujeres, simulaciones matemáticas y recorridos fotográficos para explorar cómo se transmiten los mandatos entre generaciones. Seleccionado para su publicación en el blog de Plataforma RARA, este trabajo en proceso abre una pregunta sobre las posibilidades de intervenir en aquello que heredamos.

© Cecilia Candiani

Una carta puede acompañar una vida y convertirse en una orientación, una promesa o una responsabilidad. Para Cecilia Candiani, la carta que su madre le dejó antes de morir fue, durante años, una manera de sostener el vínculo con ella. En sus palabras había un mandato que Cecilia asumió como propio y cuyo cumplimiento llegó a entender como una forma de honrarla. Con el tiempo, esa relación comenzó a transformarse y dio lugar a una investigación sobre la herencia, las decisiones y las estructuras que participan en la construcción de una vida.

El proyecto empezó a tomar forma en 2024, durante el Máster de Fotografía de Autor de EFTI, en Madrid. Su origen reúne una experiencia de pérdida, una observación sobre el cuerpo y un sueño. Al reconocer en sus brazos las venas que recordaba en los de su madre, Cecilia se preguntó cuánto de aquella continuidad física podía extenderse hacia otras dimensiones de la existencia. “Heredé su sangre, pero ¿también heredé su historia?”, plantea en la entrevista. La pregunta enlaza el parentesco con las palabras recibidas, las expectativas familiares y los recorridos que cada persona aprende a considerar posibles.

El título proviene de un sueño en el que su madre le cuenta que sus manos estaban atrofiadas y que había tenido que dictarle las cartas a su padre. Él las escribía con sus propias palabras, atravesadas también por la educación que había recibido. En esa escena, Cecilia encuentra una forma de pensar la transmisión como una cadena de voces, donde un mensaje lleva consigo experiencias y valores de distintas generaciones. La carta se vuelve entonces un lugar desde el cual revisar la procedencia de aquello que alguna vez sintió como una obligación personal.

Artista visual y fotógrafa formada también en matemáticas, Candiani incorpora esa doble experiencia a la estructura del trabajo. El encuentro entre ambos lenguajes le ofreció una distancia para abordar su historia y formular preguntas que otras personas pudieran hacer propias. “Mi experiencia personal podía convertirse en el punto de partida para una exploración más amplia”, explica.

Uno de los modelos que orientan esa búsqueda es la caminata aleatoria, o random walk. Junto con el movimiento browniano, le permite pensar en trayectorias que se producen a través de desplazamientos y encuentros con un medio. Cecilia traslada esa relación al terreno de la experiencia como una metáfora para interrogar el vínculo entre elecciones y condiciones heredadas. La matemática aporta un sistema con el cual trabajar esa pregunta y darle una forma concreta dentro de la obra.

En una de sus operaciones, utiliza la cantidad de días que vivió su madre para desarrollar una simulación en la que cada paso corresponde a un día. El despliegue de esa trayectoria permite revelar fragmentos del retrato de su abuela materna. La duración de una vida se transforma así en una regla de producción, mientras el vínculo entre generaciones participa del modo en que la imagen llega a aparecer. Cecilia lo expresa con precisión, “Es el recorrido lo que permite que parte de ella aparezca”.

Esta manera de operar desplaza la atención hacia las condiciones que producen una imagen, su desarrollo temporal y las decisiones que organizan su aparición. El archivo familiar entra en un proceso de intervención, reorganización y relación con otros materiales. Cada operación propone una lectura desde el presente y convierte lo conservado en una materia disponible para nuevas preguntas.

La lectura de Vilém Flusser y sus reflexiones sobre el aparato fotográfico acompañaron la incorporación de la programación como herramienta artística. En ese cruce, Candiani encuentra una posibilidad de participar en las reglas de producción de la obra. El cálculo, la memoria y la emoción se enlazan en un mismo procedimiento, a través del cual una pregunta íntima adquiere una estructura que puede compartirse.

La incorporación de relatos de otras mujeres amplía esa apertura. Cecilia las invita a escribir sobre sus mandatos familiares heredados y reúne experiencias de distintas edades y contextos. “Esa ampliación fue decisiva”, señala, al reconocer el paso hacia “un espacio de resonancia colectiva”. Las palabras recibidas permiten advertir recurrencias, diferencias y transformaciones, mientras cada testimonio conserva su procedencia y su singularidad.

El primer relato llegó de su abuela paterna, argentina e hija de una mujer que había emigrado desde España. Cecilia estaba entonces en ese país, rodeada de mujeres de diversas nacionalidades. Ese encuentro entre generaciones y territorios le permitió reconocer cómo las expectativas familiares viajan, se adaptan y adquieren nuevas formas. La dimensión colectiva también actúa sobre su propia lectura de la experiencia, porque escuchar a otras mujeres le ofrece herramientas para reconocer estructuras que había vivido como naturales.

Caminar constituye otra parte del método. Durante sus derivas por la ciudad y la montaña, fotografía, recolecta objetos y registra el sonido de sus pasos y su respiración. Los materiales encontrados pueden convertirse en soportes para transferir imágenes o palabras, de modo que el desplazamiento interviene tanto en la búsqueda como en la materialización. El recorrido del cuerpo y el recorrido generado mediante programación establecen una relación que atraviesa las distintas partes del proyecto.

Candiani piensa este trabajo como una instalación en expansión. Cada relato, hallazgo y ensayo puede modificar el conjunto, y esa condición abierta forma parte de su manera de producir. Durante el proceso encontró escritos de juventud de su madre en los que aparecía el peso de los mandatos familiares y religiosos. Leerlos incorporó otra voz a la investigación y abrió nuevas posibilidades para comprender aquella historia.

En ese movimiento también cambia el sentido de la promesa que había asumido. La posibilidad de modificar lo heredado empieza a convivir con el deseo de sostener el vínculo, y honrar a su madre adquiere otras formas. La obra hace lugar a esa revisión a través de acciones concretas, como intervenir un archivo, escuchar un relato, programar un recorrido o volver a caminar.

No pude escribir las cartas que te dejé permanece en ese espacio de elaboración, donde la memoria se trabaja y la herencia puede convertirse en una pregunta compartida. Al seguir las líneas que han orientado una vida, Cecilia abre la posibilidad de reconocerlas y ensayar una variación. ¿Qué caminos podemos abrir cuando empezamos a elegir cómo continuar aquello que recibimos?


Sobre Cecilia Candiani

Cecilia Candiani es artista visual y fotógrafa, nació en Córdoba y vive en Buenos Aires. Su formación en Matemáticas y Fotografía atraviesa una práctica que cruza fotografía e instalación con cálculo y archivo para abordar el territorio, la identidad y la memoria. Continuó su formación en talleres, residencias y programas en Argentina, Chile, Polonia y España, donde realizó el Máster en Fotografía de Autor de EFTI, en Madrid, tras recibir la XXI Beca Roberto Villagraz. Ha recibido becas y distinciones nacionales e internacionales.

IG CECILIA CANDIANI

Marina Cisneros

Director y Project Manager en Plataforma RARA. Profesional en gestión cultural y artes visuales, editora especializada en fotografía artística contemporánea y profesionalización de artistas visuales.

http://marinacisneros.com
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