En mis viajes nunca llueve: memoria, apropiación y postfotografía en la obra de Lucía Bassi

En 2024 la convocatoria de Plataforma RARA seleccionó el proyecto En mis viajes nunca llueve de la educadora y fotógrafa cordobesa Lucía Bassi. Esta “valijita golosinera” contiene postales, stickers, un fanzine y otros objetos que evocan un viaje pero no depende de salir a la ruta. La propuesta nace de un gesto tan cotidiano como contemporáneo: recorrer el mundo a través de Google Street View (GSV), capturar pantallas y convertirlas en un álbum imaginario.

© Lucía Bassi

Bassi cuenta que el trabajo se originó en su rutina de explorar distintos lugares en Google Street View y compartir capturas en Instagram. A partir de esa práctica, Flavia Rojas y Dolores Gonzalez Montbrun de la editorial Cielo Invertido le propusieron convertir esas imágenes en un objeto editorial. De esa colaboración surgió una valijita similar a las que contienen sorpresitas en los cumpleaños: un contenedor que “posibilitó y a la vez estableció los límites del proyecto”. Este dispositivo aloja una colección de recuerdos de un viaje por una geografía indeterminada (en la nube nunca llueve) y convierte la idea de álbum turístico en una experiencia táctil.

El corazón del proyecto se ubica en la intersección entre libro, baratija y souvenir: en él convergen conceptos como viajar, deseo, álbum, fantasía y plástico. Para la autora, viajar es construir un relato en el que lo vivido se mezcla con la exageración; incluso retoma la acepción de “viaje” como estado de alucinación. La valijita contiene baratijas y tesoros: veinte postales, un fanzine leporello impreso a mano, otro en formato librito, un amuleto, stickers y un póster. Cada objeto puede separarse del conjunto y circular por cuenta propia, subrayando la idea de que el souvenir existe para ser regalado.

© Lucía Bassi

Un álbum construido con capturas

Las imágenes que componen este álbum inventado provienen exclusivamente de capturas de Google Street View. Esta práctica apropiacionista responde a la sobreabundancia visual de nuestra era: hay tantas imágenes circulando que la autora decide “reenfocar y componer las escenas para que simularan un álbum familiar de viaje”. En lugar de hacer explícita la procedencia digital, Bassi oculta iconos o errores que delatan el origen, buscando puntos panorámicos que imiten la estética de la postal turística. En la curaduría de las imágenes la acompañó el artista Gerardo Repetto; la selección fue ardua y hasta último momento modificaron qué fotografías incluir.

El proyecto dialoga con vidas moduladas por plataformas digitales: al igual que viajamos para armar un álbum, postear en redes sociales es construir un relato sobre nosotros mismos. Desde un cuerpo inmóvil, el pulgar desliza la pantalla y hace que la retina viaje. Esta travesía virtual carece de selfies; se trata más de coleccionar vistas que de ocupar el centro de la imagen. Para Bassi es fundamental reflexionar sobre las prácticas artísticas en un contexto donde la producción de imágenes supera nuestra capacidad de ver y analizar; por eso evoca el decálogo postfotográfico de Joan Fontcuberta, que promueve el apropiacionismo, el reciclaje, lo colectivo y la gestión de lo que ya circula.

La valijita alberga objetos que combinan texto e imagen. Un sobre contiene una carta con un poema y un fanzine escritos por Mateo Green; uno de esos textos aborda la omnipresencia del plástico y la chuchería, tema central del proyecto. Las postales muestran mercados, playas y paisajes urbanos; solo una hace evidente su naturaleza digital con un fallo de una foto 360°. La bolsa de stickers y el amuleto en forma de gatito de la suerte responden al amor de las autoras por la chuchería. El póster reproduce una vista del monte Fuji enmarcado por cerezos, resultado de horas de exploración virtual.

La materialidad kitsch de la valija fue un desafío: todo debía caber en ese espacio y la tentación de incluir más objetos era constante. Además, el proyecto implicó trabajar con capturas de pantalla de baja resolución, lo que la propia autora vincula con la “imagen pobre” de Hito Steyerl. Según Steyerl, una imagen pobre es una copia en movimiento de mala calidad, comprimida y remezclada; transforma la calidad en accesibilidad y circula como mercancía o regalo. Bassi y su equipo se apoyaron en la red de editoriales artesanales de Córdoba para imprimir el leporello y el póster, demostrando que la comunidad y la colaboración son tan importantes como el resultado material. La autora subraya que el proceso fue bienamado y lúdico: hubo espacio para el disfrute y el juego, y considera fundamental tejer una comunidad de artistas que se apoyen mutuamente.

© Lucía Bassi

Referencias e influencias: apropiacionismo y memoria

El trabajo dialoga con una genealogía de artistas que han explorado la apropiación de imágenes y la relación entre viaje y recuerdo. Bassi cita la serie Photo Opportunities de Corinne Vionnet y la obra Nine Eyes de Jon Rafman, ambos proyectos basados en la reutilización de fotografías de turistas o capturas de Google Street View. Sobre Rafman, un texto sobre su libro Nine Eyes explica que el artista extrae capturas de la vasta base de datos de Street View para crear fotografías que van de lo lírico a lo abyecto, iluminando nuestra relación con las imágenes en un mundo saturado. Otra referencia es Penelope Umbrico, quien en su proyecto Suns from Flickr se apropia de miles de fotografías de atardeceres publicadas en la red. La artista toma solo los soles de esas imágenes y los imprime, comentando la proliferación de imágenes en sitios web y la naturaleza repetitiva de ciertos temas. Estas obras ayudaron a Bassi a cuestionar la autoría, la originalidad y la extensión del campo fotográfico más allá de la cámara.

Además de las referencias artísticas, la autora admite que su fascinación por el mundo oriental, alimentada por el anime y los bazares, permea el proyecto. Las escenas que visita incluyen Japón, Corea del Sur, Taiwán, China y Mongolia. La elección de la valija remite a juegos infantiles y a las maletas surrealistas de Marcel Duchamp y Man Ray. Bassi también colecciona fotografías analógicas y diapositivas, práctica que refuerza la idea de “viajar a través de las imágenes” y enlaza con las lógicas del souvenir como dispositivo de memoria.

Postfotografía: de la imagen fiel a la imagen en red

Para comprender el trasfondo teórico de proyectos como el de Bassi es necesario situarse en la era de la postfotografía. El término designa un momento en que la fotografía tradicional se desprende de su uso original y se transforma debido a la transición de lo analógico a lo digital y al impacto de internet y las redes sociales. En la enciclopedia libre se explica que estos cambios han generado un entorno en el que es habitual la apropiación y remezcla de obras existentes; la masificación de imágenes modifica la percepción social sobre la fotografía, y ya no se habla de fotografía sino de postfotografía. La postfotografía se caracteriza porque la producción de imágenes digitales, los programas de edición y la circulación global han amplificado la postproducción, cuestionando la veracidad del momento.

El teórico catalán Joan Fontcuberta formuló en 2011 un decálogo postfotográfico que resume cómo opera la creación en esta era. Fontcuberta sostiene que el artista ya no produce obras sino que prescribe sentidos; se confunde con curador, coleccionista o docente; promueve una ecología de lo visual que penaliza la saturación y favorece el reciclaje; otorga prioridad a la circulación y gestión de imágenes por sobre su contenido; deslegitima los discursos de originalidad y normaliza las prácticas apropiacionistas; y fomenta la coautoría y el anonimato. También aboga por un arte más lúdico y colaborativo que cuestione el glamour del mercado. Estas ideas resuenan en el proyecto de Bassi, donde el gesto principal es reencuadrar y redistribuir imágenes ajenas, compartir objetos y dejar que cada pieza “siga su propio camino”.

El periodista Cristina Salmerón resume la postfotografía como la disciplina que trata de “esa fotografía que va más allá de la fotografía”, caracterizada por la inmaterialidad, la transmisión instantánea y la profusión global de las imágenes. Esta era ha convertido a los humanos en “homo fotograficus” que registran continuamente y suben su vida a redes. En este escenario, las fotografías son efímeras y cada vez menos valiosas, pues son innumerables y se consumen casi sin mirarlas. El crítico Om Malik advierte que en el futuro lo fotografiaríamos todo pero no miraríamos nada. Dentro de esta lógica, la propuesta de Bassi invita a detenerse y reconstruir un relato con imágenes encontradas, revalorando el acto de mirar.

En mis viajes nunca llueve es más que un libro-objeto; es un comentario sobre nuestra manera de consumir imágenes y un ejemplo de cómo la postfotografía puede ser poética y crítica a la vez. Frente a la avalancha de selfies y vistas turísticas, Bassi propone viajar con el pulgar, recolectar paisajes ajenos y transformarlos en recuerdos compartibles.

Su trabajo dialoga con las ideas de Fontcuberta sobre ecología de lo visual y reciclaje de imágenes, con la “imagen pobre” de Steyerl como recurso que prioriza la accesibilidad sobre la calidad y con la historia del apropiacionismo en la fotografía.

En tiempos en que la postproducción digital desdibuja las fronteras entre lo real y lo ficticio, la valijita de Lucía Bassi nos recuerda que siempre podemos reescribir nuestras experiencias con las imágenes de otros. Este proyecto, seleccionado en la convocatoria de Plataforma RARA, celebra la curiosidad, el juego y la colaboración. Invita a abrir el equipaje, dejar que cada objeto encuentre nuevas manos y seguir viajando incluso cuando, como sugiere el título, en nuestros viajes nunca llueve.

Lucia Bassi nació en Córdoba en 1989, ciudad en la que actualmente reside y trabaja. Es educadora y fotógrafa. Se desempeña como docente en diversas instituciones de la provincia. Desde el 2019 comenzó su formación como fotógrafa en el Centro de Estudios Fotográficos. Participó de talleres y clínicas con Paula Teller, Guadalupe Arriegue, Marina Cisneros, Martín Estol y Juan Valbuena. En 2021 formó parte de la muestra colectiva de fotografía experimental “Horizontes Imprecisos” que tuvo lugar en la Fotogalería del Paseo del Buen Pastor, Córdoba Capital. Forma parte del colectivo koʊˈneɪtəs que en 2022 quedó seleccionado en el Programa Obrar organizado por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Córdoba y en el 2023, de la convocatoria Pasaje del Centro Cultural España Córdoba. Desde 2022 forma parte del grupo Imagen Total coordinado por Manuel Molina y Eugenia Roldan que con la propuesta Gabinete Iconoclasta ¿Cómo elaborar la ansiedad en un paisaje de pantallas? quedó seleccionado en el programa Cepia Abierto 2023-2024 y 2024-2025 de la Facultad de Artes UNC. Con la editorial Cielo Invertido publicó en 2024 un objeto editorial titulado “En mis viajes nunca llueve”

LUCÍA BASSI IG

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Marina Cisneros

Director y Project Manager en Plataforma RARA. Profesional en gestión cultural y artes visuales, editora especializada en fotografía artística contemporánea y profesionalización de artistas visuales.

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